Tras la ruta en coche llegamos a Cape Town, en la ciudad nos alojamos en una casa particular en la zona de Sea View bajo las laderas de la Table Mountain y con vistas al mar y el estadio de fútbol del mundial.
Los días en Cape Town estuvimos de maravilla visitando la ciudad y los alrededores, la ciudad tiene su encanto parece más Europa que África, incluso como me dijo un belga parece más Miami que África! Y yo que en Miami he estado asentí (siempre digo que estuve en Miami porque un viaje a Panamá el avión hizo escala... Siempre recordaré al Miamitarra del aeropuerto diciendo "mantengan los pasaportes en la mano aaaaaall the time!").
La ciudad tiene algo, no en vano le ha quitado nada menos que ha Bilbao el ser la capital mundial del diseño hace pocas semanas y la Table Mountain ha sido designada como una se las 7 maravillas naturales del mundo.
En los 6 días que pasamos allí tuvimos tiempo de visitar todo lo visitable: el Waterfront, que se convirtió en el comodín para los ratos de no saber que hacer, son la reconversión de los antiguos muelles del puerto en un Disneyland de tiendas y restaurantes; en estos días hacía escala la Ocean Race (que me acompañará en alguna escala más...).
Subimos por supuesto a la Table Mountain a pesar del viento y la hora de espera para el teleférico (que no se traduce como "funícular" contra la creencia de alguna...). Las vistas son espectaculares pero lo realmente especial de esta "medio" montaña es su presencia desde cualquier punto de la ciudad.
Cumplimos con la visita al Cabo de Buena Esperanza (recuerdos a Espe por si lo lee!) en un día como todos allí supongo, de viento azotando fuerte y olas queriendo salirse del mar, aunque tuvimos nuestro rato de sol para disfrutar de la fuerza del paisaje.
Ese día comimos por recomendación de mi hermana el mejor sasimi de salmón del mundo en Kalk Bay. Y en ese lugar es donde vi mi tarjeta rota por primera vez e incluso pagué con ella. Después vino la historia del cajero fagocitador que se resolvió felizmente gracias a las chicas de la sucursal.
En ciudad del cabo además puedes disfrutar siempre que el viento te respete de unas playas increíbles, nosotros elegimos la zona de Clifton, con ensenadas mas propias de las Sheycheles o el caribe con la gran diferencia de que aquí el agua te corta los pies por los tobillos nada más tocarla. Y así bajo el sol entre lecciones de Dinámica Litoral aburrí a Eneritz un par de tardes.
Para el resto de días rendimos visita a la isla de Robben donde se encuentra la prisión de alta seguridad donde se encarceló a los dirigentes del ACT durante los años del Aparheid, entre ellos por supuesto Nelson Mandela. En la un ex-preso te cuenta cara a cara como era la vida y su visión de su lucha por la libertad, un poco vendida de moto pero realmente interesante junto a la visita al distrito seis, de donde se expulsó a los negros por el simple hecho de serlo, desde luego una lección para todos el como han podido pasar página sin después de tanta humillación.
Y por supuesto volvimos a Stellenbosch a probar más bodegas con la suerte de que coincidimos con la fiesta del vino de allí y tuvimos la suerte de catar todos los caldos de la región, en unas carpas entre música en vivo y un ambiente agradable, eso sí, todos blancos... Todavía hay muchas diferencias en este asunto, por ejemplo, si ves un blanco por la carretera es porque está haciendo deporte (corriendo o de caminata) en cambio si ves un negro o está trabajando o está yendo a algún sitio porque no tiene otra manera de moverse. Es así y costará cambiar eso.
Después de estos días en Sudáfrica, siento que he descubierto un país mucho mejor preparado para viajar de lo que esperaba y en el que me ha sorprendido muchísimo su naturaleza, mas allá de toda la diversidad de animales que tiene, y la amabilidad y disposición de la gente a ayudarte hasta el punto de dejar lo que están haciendo para guiarte a tu hotel o lo que busques. Aunque también hay que decir que cuando se pone el sol en algunos sitios daba miedito moverse por la calle, mejor en coche o taxi.
Y así con esta buena sensación y lo mejor, habiéndola compartido con Eneritz (en su primera escala del viaje) nos despedimos en el aeropuerto de Cape Town.
Que esas lágrimas sean de alegría pronto!
Los días en Cape Town estuvimos de maravilla visitando la ciudad y los alrededores, la ciudad tiene su encanto parece más Europa que África, incluso como me dijo un belga parece más Miami que África! Y yo que en Miami he estado asentí (siempre digo que estuve en Miami porque un viaje a Panamá el avión hizo escala... Siempre recordaré al Miamitarra del aeropuerto diciendo "mantengan los pasaportes en la mano aaaaaall the time!").
La ciudad tiene algo, no en vano le ha quitado nada menos que ha Bilbao el ser la capital mundial del diseño hace pocas semanas y la Table Mountain ha sido designada como una se las 7 maravillas naturales del mundo.
En los 6 días que pasamos allí tuvimos tiempo de visitar todo lo visitable: el Waterfront, que se convirtió en el comodín para los ratos de no saber que hacer, son la reconversión de los antiguos muelles del puerto en un Disneyland de tiendas y restaurantes; en estos días hacía escala la Ocean Race (que me acompañará en alguna escala más...).
Subimos por supuesto a la Table Mountain a pesar del viento y la hora de espera para el teleférico (que no se traduce como "funícular" contra la creencia de alguna...). Las vistas son espectaculares pero lo realmente especial de esta "medio" montaña es su presencia desde cualquier punto de la ciudad.
Cumplimos con la visita al Cabo de Buena Esperanza (recuerdos a Espe por si lo lee!) en un día como todos allí supongo, de viento azotando fuerte y olas queriendo salirse del mar, aunque tuvimos nuestro rato de sol para disfrutar de la fuerza del paisaje.
Ese día comimos por recomendación de mi hermana el mejor sasimi de salmón del mundo en Kalk Bay. Y en ese lugar es donde vi mi tarjeta rota por primera vez e incluso pagué con ella. Después vino la historia del cajero fagocitador que se resolvió felizmente gracias a las chicas de la sucursal.
En ciudad del cabo además puedes disfrutar siempre que el viento te respete de unas playas increíbles, nosotros elegimos la zona de Clifton, con ensenadas mas propias de las Sheycheles o el caribe con la gran diferencia de que aquí el agua te corta los pies por los tobillos nada más tocarla. Y así bajo el sol entre lecciones de Dinámica Litoral aburrí a Eneritz un par de tardes.
Para el resto de días rendimos visita a la isla de Robben donde se encuentra la prisión de alta seguridad donde se encarceló a los dirigentes del ACT durante los años del Aparheid, entre ellos por supuesto Nelson Mandela. En la un ex-preso te cuenta cara a cara como era la vida y su visión de su lucha por la libertad, un poco vendida de moto pero realmente interesante junto a la visita al distrito seis, de donde se expulsó a los negros por el simple hecho de serlo, desde luego una lección para todos el como han podido pasar página sin después de tanta humillación.
Y por supuesto volvimos a Stellenbosch a probar más bodegas con la suerte de que coincidimos con la fiesta del vino de allí y tuvimos la suerte de catar todos los caldos de la región, en unas carpas entre música en vivo y un ambiente agradable, eso sí, todos blancos... Todavía hay muchas diferencias en este asunto, por ejemplo, si ves un blanco por la carretera es porque está haciendo deporte (corriendo o de caminata) en cambio si ves un negro o está trabajando o está yendo a algún sitio porque no tiene otra manera de moverse. Es así y costará cambiar eso.
Después de estos días en Sudáfrica, siento que he descubierto un país mucho mejor preparado para viajar de lo que esperaba y en el que me ha sorprendido muchísimo su naturaleza, mas allá de toda la diversidad de animales que tiene, y la amabilidad y disposición de la gente a ayudarte hasta el punto de dejar lo que están haciendo para guiarte a tu hotel o lo que busques. Aunque también hay que decir que cuando se pone el sol en algunos sitios daba miedito moverse por la calle, mejor en coche o taxi.
Y así con esta buena sensación y lo mejor, habiéndola compartido con Eneritz (en su primera escala del viaje) nos despedimos en el aeropuerto de Cape Town.
Que esas lágrimas sean de alegría pronto!
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